Nonna Giada

Aún no era Nonna Giada, era Giada Maria Corsini, una joven a punto de cumplir veinticinco años, invitada a una fiesta de noche en el centro de París.

Era más inocente de lo que los demás creían, aunque su inocencia pasaba inadvertida por su costumbre de presentarse sola en cualquier lugar.

De lejos vio a una mujer con la espalda al descubierto, un largo vestido de terciopelo que rozaba el suelo y algo extraño y magnético colgando de su pelo. Se acercó y descubrió un rostro de unos cincuenta años, de mirada rasgada, asiática, centelleante.

La mujer, al notar esos ojos curiosos que la observaban, giró ligeramente el cuello y le devolvió la atención.

“Lleva usted una elegantísima araña colgando del pelo”, dijo Giada.

La mujer sonrió. Se reconocieron por instinto, como si una fuera el reflejo futuro de la otra: la una inocente y osada, la otra sabia y libre.

Entonces la mujer soltó su melena negra y, entregándole la araña, dijo:

“A veces somos tan bellas como alguien nos hace sentir. Supongo que la meta es que ese alguien seamos nosotras mismas.”

Esa mujer, que más tarde sabría que se llamaba Vera, le entregó la araña como quien ofrece un amuleto. Y desde ese instante, algo en Giada cambió: comprendió que la verdadera belleza se despierta, no se imita. 

 

*En la historia original de 1952, Vera guardó la araña en una caja de pastelería parisina que pidió a un camarero de la sala y se la regaló a Giada. Hoy, The Foyer reinterpreta esa escena con una caja contemporánea, símbolo de cómo las ideas viajan y se transforman. Lo que entonces era un envoltorio para dulces, hoy es alimento para el pensamiento.

 

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