Nonna Giada

Todos están fuera, junto a la piscina. Excepto la nieta menor, descubriendo lo que en verdad significan las siestas de verano con su primer amor. Como lo ha hecho cada generación, en algún momento. 

Segundo piso. Tercera habitación a la izquierda. Vista a la piscina desde dentro. Bang bang. Una casa familiar en verano. Un juego entre lo visible y lo invisible…

El almuerzo ha terminado. Una familia que solo come con un juego de platos de Dalí de coleccionista. Imagínalos… Nunca son lo que parecen. O quizá lo son, solo que también son mucho más de lo que aparentan. Y cuando te casas con uno de ellos, tú también ganas en complejidad. 

Un cigarrillo de alguien sigue humeando en el jardín y un perfume aún flota en el pasillo. La lista de canciones de algún novio ya olvidado suena a medio volumen. Esta casa familiar en verano… repleta de rastros que quedaron en el aire.

Nonna Giada ya no estaba allí, pero seguía presente en todas partes. No se le puede llamar fantasma a una diva. Cuando murió, todos fingieron que simplemente se había ido. 

Nonna Giada sigue en el cruce de cada puerta, en cada cuadro colgado en las paredes. Era la reina de la hora del cóctel. Tenía una vida propia y todos sentían que debían imitarla. Y así lo hicieron. 

Ella era la nonna y la mamma de todos. Marcaba el tono de la familia y de esta casa. Ella era la gran anfitriona. 

Nacida como Giada Maria Corsini, nunca cambió su nombre al casarse. Él cambió sus costumbres por las de ella. Como todos los que la rodeaban. Había algo en ella que cambiaba la vida de las personas en poco tiempo, el tiempo en que asistían a las fiestas que ella organizaba. Y esas fiestas, wow… esas fiestas eran todo un mundo.

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